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    La novelista fingida

    Rafael R. Costa


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    Rita Amber, que decide poblar el cuerpo de otra persona hasta convertirse en algo a lo que jamás hubiera llegado por sus propios medios. Un cuerpo del que se aprovecha en todos los aspectos, y que por casualidad es el de una escritora, una joven con un talento inusitado a la que se pega hasta… no quiero desvelar trama.

    En el capítulo inicial, las luces, las sombras, los juegos dialécticos, la música, el lugar, e incluso el ritmo de la prosa hacen pensar al lector que en cualquier momento va a aparecer Lauren Bacall del brazo de Humphrey Bogart.

    El autor onubense nos introduce en una historia de envidias, de amores no correspondidos, de talento mal repartido y de ambición, de mucha ambición, tanta como la que despliega el fascinante personaje de Barbara L. Shackleton, y tras cuya fragancia de perfume caro vamos todos detrás, pobres ratoncitos hinoptizados en Hamelín, en fila india, dejándonos acunar por su encanto, sus éxitos y su falsedad.

    Una novela en la que apenas juegan cinco o seis personajes, pero construidos de tal forma que el lector parece estar viéndolos desfilar frente él. Quizá una de las mayores cualidades del señor Costa, además de dominar el verbo, sea la excelente capacidad de construcción de sus personajes, dibujados con un pincel artístico hasta el más íntimo detalle. Sus ropas, sus olores, sus maneras, sus andares, cómo diría aquel, todo perfectamente planificado y mostrado al lector de forma magistral.

    Si tuviera que definir la novela Rafael R. Costa con una sola frase, sin duda utilizaría una de él mismo, aquella en que dice que todas las novelas son de amor, pero no de tramas de amor, sino que la verdadera historia de amor es escribir la novela y no su contenido. 

    Imposible definir mejor la relación que se crea entre un autor y su obra, una historia de amor que dura lo que dura la creación y que se rompe tan pronto como la novela deja de pertenecer al autor para ser propiedad de nosotros, sus lectores. Un amor que de usarlo mucho a algunos se nos gasta y a otros, como a Rafael R. Costa, se le acrecienta, dando pie cada vez más a extraordinarias historias.

    Lo que atrae de esta novela es la forma magistral en que está contada. Una historia moderna de «crimen y castigo» que todo autor y aspirante a escritor disfrutará.