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  • El recluta 51

    Luis Vega


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    Esta es la historia del joven cubano que perdió su nombre y apellidos para convertirse en el recluta 51.

    Durante tres años y dos meses, con un salario de siete pesos, formó parte de tantos jóvenes que fueron sacados de sus escuelas, barrios y hogares, para integrar las filas del “Primer Llamado del Servicio Militar Obligatorio”, en la isla de Cuba. EI recluta 51 nunca entendió que hacía vestido de verde olivo, por eso su reacción natural fue la indolencia y el choteo frente a aquello que le quitaba la libertad.

    En el 2014 se cumplieron cincuenta años del inicio de tan nefasto hecho. EL RECLUTA 51 son los relatos de cómo el autor sobrevivió en un mundo adverso, y de cómo sorteó cada escollo que le ponían ayudado por sus pinceles, que fueron sus mejores aliados.

    En poco más de sesenta viñetas, repartidas en cuatro capítulos, el reconocido pintor Luis Vega ha dejado a un lado los pinceles para contarnos en detalle su experiencia como recluta «siete pesos», término peyorativo empleado para retratar a los lastimeros soldaditos que recibían como estipendio mensual la cifra indicada en el sobrenombre.

    Tal vez no resulta exacto decir que Vega ha prescindido de sus pinceles cuando lo que transpira de su literatura testimonial son cuadros deliberadamente elaborados sobre cómo se sufre la reclusión desatinada y el corte abrupto de la libertad natural, para cumplir, inexcusablemente, los más absurdos designios patrioteros y oportunistas.

    Fueron esos mismos pinceles sus aliados en momentos difíciles, sobre todo para eludir, cada vez que la oportunidad se presentaba, la perversidad de los obtusos oficiales, encaprichados en hacer de aquellos muchachos imberbes, los llamados «hombres nuevos» que requería la Revolución.

    Son textos que se leen de una sentada, porque van directo al grano, sin tribulaciones filosóficas ni trascendentales por cuantos. Traídos a la literatura medio siglo después de haber acontecido, se infiere que la huella dejada en su protagonista tiene caracteres indelebles. Se percibe en el pulso de la narrativa, sin rencor ante lo que fuera irremediable.

    EL RECLUTA 51 se integra, por derecho propio, a la gran referencia picaresca, de tantos cubanos tratando de sobrevivir a contracorriente en un país en guerra consigo mismo.